lunes, 28 de diciembre de 2009

En Página 12

Del estallido al país normal

Por Oscar González *

Fruto de la ineptitud de un gobierno que no supo ni quiso asumir el desafío de afrontar la crisis, hace exactamente ocho años implosionaba un Estado que había abandonado su rol institucional de contenedor –y componedor– de las tensiones sociales desatadas por el modelo especulativo y de exclusión que se había iniciado en 1976 y que, con variantes, se prolongó hasta consolidarse hacia los años ‘90.

En esos doce días, del 20 de diciembre de 2001 al 2 de enero de 2002, cinco presidentes se sucedieron con la función de mero ornato, sin capacidad ni autoridad para hacer cumplir orden alguna ni dar respuesta a ninguna de las múltiples demandas de entonces las que, además, partían de una básica: “Que se vayan todos”. Esta consigna totalizante no sólo expresaba la crisis de credibilidad de los partidos tradicionales, sino de la política misma como instrumento para resolver las más acuciantes necesidades sociales.

En ese convulsionado período, que culminaría con el retiro anticipado de Eduardo Duhalde, se sucedían las movilizaciones sociales al tiempo que la fragmentación de la coalición de poder que había sostenido al menemismo no hallaba una salida a la crisis. Las fracciones neoconservadoras más recalcitrantes insistían con dos ideas primarias: ajustar y reprimir. Se persistía en la misma línea que había derrumbado a De la Rúa con su aciago costo en vidas. Por fin, la masacre de Avellaneda y la furia que despertaron los asesinatos de los militantes sociales Kosteki y Santillán demostró la inviabilidad de ese proyecto.

Hoy, ocho años después, se ha recuperado el rol del Estado y la política ha sido rehabilitada como elemento aglutinador del dispositivo institucional y, sobre todo, como herramienta de cambios progresistas. El debate, el conflicto y los consensos encuentran su procesamiento en un Parlamento que cumple con su rol dentro del sistema institucional. No es el único ámbito, ya que la política excede los despachos y a los políticos profesionales y, luego de años de pensamiento único, ha reencontrado su lugar entre los trabajadores, la intelectualidad y las organizaciones de base de la sociedad.

La recuperación del Estado y el cumplimiento de sus deberes sociales básicos implicó abandonar aquel aparato inerme o cómplice de las corporaciones que contribuyó a profundizar la desigualdad. La intervención en la regulación de los mercados, la priorización de una economía basada en el trabajo y la producción, así como el cambio de enfoque del presupuesto social, que pasó de ser considerado un gasto para elevarse a la categoría de inversión, marcan hasta qué punto el país ha cambiado, retomando gradualmente parámetros de solidaridad e igualdad perdidos hace mucho tiempo.

Sin ajustes, sin represión, con conflictos que expresan los diversos intereses que confrontan al interior de una sociedad democrática y plural –tensiones que no hay que tratar de anular sino de resolver desde la política y el debate público– Argentina es ahora, simplemente, un país normal.

* Dirigente socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete.

Publicado por el diario Página 12 el 28 de diciembre de 2009


sábado, 26 de diciembre de 2009

Del estallido a un país normal

Por Oscar Gonzalez*

Fruto de la ineptitud de un gobierno que no supo ni quiso asumir el desafío de afrontar la crisis, hace exactamente ocho años, implosionaba un Estado que había abandonado su rol institucional de contenedor -y componedor- de las tensiones sociales desatadas por el modelo especulativo y de exclusión que se habia iniciado en 1976 y que, con variantes, se prolongó hasta consolidarse hacia los años 90.

En esos doce días, del 20 de diciembre de 2001 al 2 de enero de 2002, cinco presidentes se sucedieron con la función de mero ornato, sin capacidad ni autoridad para hacer cumplir orden alguna ni dar respuesta a ninguna de las múltiples demandas de entonces las que, además, partían de una básica: “que se vayan todos”. Esta consigna totalizante no sólo expresaba la crisis de credibilidad de los partidos tradicionales sino de la política misma como instrumento para resolver las más acuciantes necesidades sociales.


En ese convulsionado período, que culminaría con el retiro anticipado de Eduardo Duhalde, se sucedían las movilizaciones sociales al tiempo que la fragmentación de la coalición de poder que había sostenido al menemismo no hallaba una salida a la crisis. Las fracciones neoconservadoras más recalcitrantes insistían con dos ideas primarias: ajustar y reprimir. Se persistía en la misma línea que había derrumbado a De la Rúa con su aciago costo en vidas. Por fin, la masacre de Avellaneda y la furia que despertaron los asesinatos de los militantes sociales Kosteki y Santillán demostró la inviabilidad de ese proyecto.


Hoy, ocho años después, se ha recuperado el rol del Estado y la política ha sido rehabilitada como elemento aglutinador del dispositivo institucional y, sobre todo, como herramienta de cambios progresistas. El debate, el conflicto y los consensos encuentran su procesamiento en un Parlamento que cumple con su rol dentro del sistema institucional. No es el único ámbito, ya que la política excede los despachos y a los políticos profesionales y, luego de años de pensamiento único, ha reencontrado su lugar entre los trabajadores, la intelectualidad y las organizaciones de base de la sociedad.


La recuperación del Estado y el cumplimiento de sus deberes sociales básicos implicó abandonar aquel aparato inerme o cómplice de las corporaciones que contribuyó a profundizar la desigualdad. La intervención en la regulación de los mercados, la priorización de una economía basada en el trabajo y la producción, así como el cambio de enfoque del presupuesto social, que pasó de ser considerado un gasto para elevarse a la categoría de inversión, marcan hasta qué punto el país ha cambiado, retomando gradualmente parámetros de solidaridad e igualdad perdidos hace mucho tiempo.

Sin ajustes, sin represión, con conflictos que expresan los diversos intereses que confrontan al interior de una sociedad democrática y plural - tensiones que no hay que tratar de anular sino de resolver desde la política y el debate público- Argentina es ahora, simplemente, un país normal.

*Dirigente socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado por la agencia de noticias Telam el 26 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

"Hay que resistir a genocidas y golpistas"

El secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, el dirigente socialista Oscar González, llamó hoy a "defender el modelo productivo y de inclusión social del gobierno nacional" y sostuvo que "hay que resistir a genocidas y golpistas".

González reivindicó a los líderes históricos del Partido Socialista Juan B. Justo, Alfredo Palacios y Alicia Moreau y a los ministros socialistas de Perón en 1946, Ángel Borlenchi y Atilio Bramuglia, y convocó a "no bajar los brazos frente a la ofensiva de genocidas como el ex general Menéndez, golpistas como Hugo Biolcatti y reaccionarios como Abel Posse".

El dirigente participó del panel de apertura del encuentro organizado por la Subsecretaría de Fortalecimiento de la Democracia, que estuvo representada por su director, Andrés Larroque, y del que participaron asimismo el subsecretario de Medio Ambiente, Fernando Melillo y la directora nacional de Juventud, Mariana Gras.

González aseguró que "hay que resistir la falsa idea de que sólo el consenso es una práctica política válida porque -dijo- a través del conflicto, de la resolución superadora de intereses enfrentados, es también como se avanza en un sentido de progreso y cambio social".

El secretario de Relaciones Parlamentarias reivindicó la necesidad de "sumar a los sectores más avanzados de las tres tradiciones políticas argentinas: radicalismo, socialismo y peronismo, en una sola lucha que hoy encarna la presidenta Cristina Fernández con su esfuerzo por redistribuir la riqueza y resistir el embate de los especuladores y privilegiados de siempre".

Publicado por la agencia de noticias Telam el 21 de noviembre de 2009

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Consensos

La ficción de una sociedad sin conflictos

Por Oscar González*

Hay una vocablo que aparece cada tanto habitando el limitado acervo discursivo de la oposición política y mediática de derecha: “consenso”.

La palabra es citada habitualmente como contrapartida frente a un presunto espíritu de confrontación permanente, atribuido al gobierno y a sus partidarios, y se asienta en la simplista afirmación de que los asuntos públicos pueden sustraerse a la obvia tensión de intereses que, en cualquier época, atraviesa toda sociedad.

Según este razonamiento, los grandes problemas del país podrían resolverse mediante el simple expediente de llegar a un acuerdo o pacto de cúpulas políticas y económicas para estipular una agenda común y luego sostenerla.

Lo rudimentario de este precepto salta a la vista si, como es sabido, la aplicación de un programa avanzado de gobierno

-e incluso cualquier medida aislada que pretenda reformular con sentido progresista la distribución del ingreso nacional-, requiere de una poderosa acumulación de fuerza política que enfrente las resistencias inevitables, más poderosas y enconadas cuanto más privilegios protejan.

Yrigoyen, Perón, Frondizi, Illia, Alfonsín, la actual administración y, por supuesto, casi todos los gobiernos de Suramérica son -o han sido- víctimas de la voracidad de sus respectivas elites conservadoras.

No es casual que la derecha agite la idea del consenso precisamente cuando se aplican políticas públicas destinadas a un disfrute más equitativo de la riqueza y del poder signada por modificaciones legislativas que implican reformas sustanciales que sostienen la producción, preservan el empleo y propician la autodeterminación nacional y la integración regional.

Es entonces cuando la expresión consenso sufre una torsión maliciosa y se la invoca para esconder lo que en realidad se pretende lograr: la abolición de las medidas transformadoras en curso y las que, se descuenta, sobrevendrán.

Para dotar de cierta pátina a ésta propuesta, la oposición suele cada tanto argumentar la necesidad de celebrar un pacto similar al de La Moncloa, firmado en España en 1977 entre el gobierno liberal de Adolfo Suárez, los partidos políticos, las cámaras patronales y los sindicatos.

Aunque pasó a la historia como un instrumento que favoreció una salida ordenada del franquismo tras 40 años de dictadura, ese pacto tuvo también otros efectos: desmovilizar a la sociedad, imponer topes salariales, proteger el plan de ajuste fiscal y apertura financiera aplicada por el entonces jefe de gobierno español.

De ahí que no hay inocencia en este modelo de consenso que busca la derecha: no pretende una instancia para la concordancia cívica sino un instrumento para frenar la movilización popular. Es la ilusión de abolir el conflicto social ignorando que su evolución y desenlace superador es precisamente la condición indispensable para el avance social.

De hecho, la quimera de que pueden derogarse los antagonismos sociales presupone la existencia de una sociedad derrotada en sus aspiraciones de igualdad y justicia e ignora algo elemental: el consenso no es algo que se alcanza de una vez y para siempre sino una construcción política ardua y contínua que expresa las tensiones sociales de cada coyuntura histórica y encuentra, cuando es exitosa, un punto de precario equilibrio. Un momento siempre efímero porque, lo decía Juan B. Justo, “lento o impetuoso, el progreso humano es constante”.

*Ex diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional

Publicado por la agencia de noticias Telam el 16 de diciembre de 2009

martes, 15 de diciembre de 2009

Condena a las amenazas contra CFK

La Presidenta atribuyó las amenazas que recibió a “los dinosaurios que aún están”

Tras encabezar un acto, Cristina aseguró que “muchos episodios han pasado en estos días y nos dan muestras todavía de que los dinosaurios están”, en relación a las amenazas recibidas a través de una interferencia en el helicóptero que la traslada

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner aseguró ayer que “muchos episodios han pasado en estos días y nos dan muestras todavía de que los dinosaurios están”, en relación a las amenazas recibidas a través de una interferencia en el helicóptero que la trasladó el viernes último desde la quinta de Olivos a Casa de Gobierno.
Tras encabezar un acto, Cristina respondió a los periodistas sobre a quién se refería sobre los dinosaurios y dijo que “ustedes los conocen mejor que yo”.
Y no se refi rió a los autores de las amenazas “porque será la Justicia la que determine, en todo caso”, señaló.
Cristina recibió una amenaza el viernes pasado en el helicóptero presidencial en el que se desplazaba, la que será investigada por la justicia federal ante una denuncia del procurador general Esteban Righi.
Al referirse al episodio –que se conoció ayer–, el jefe de Ga- binete, Aníbal Fernández, sugirió que el hecho puede estar vinculado al inicio del juicio a represores vinculados a la causa ESMA, centro de detención ilegal durante la última dictadura militar.
El hecho, califi cado como “delito de acción pública”, fue denunciado en el mediodía de ayer ante la Cámara federal porteña que, tras el sorteo, lo derivó al juzgado federal 4 a cargo de Ariel Lijo con la intervención del fi scal Euardo Taiano.
La denuncia de Righi se produjo a instancias del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, quien además de ponerlo en conocimiento del hecho le pidió que “ordene la realización de la investigación pertinente ante la gravedad del hecho”, según consta en el escrito presentado a la cámara.
Las amenazas fueron proferidas a través de una interferencia en la radio del helicóptero que el viernes pasado por la mañana trasladaba a la Presidenta desde la quinta presidencial de Olivos hasta la Casa Rosada.

ENÉRGICO REPUDIO DE TODOS LOS SECTORES POLÍTICOS

Un masivo y enérgico repudio se generó ayer desde distintos sectores de la política luego de conocerse las presuntas amenazas a la Presidenta. El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, califi có el hecho de “muy grave” y remarcó su preocupación institucional.
En la misma línea se expresó el presidente del bloque de diputados del Peronismo Federal, Felipe Solá, que advirtió que estas intimidaciones “revelan que hay lugares desde los que se alienta el golpismo”. También el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, hizo público su repudio a las amenazas.
El titular del bloque PRO de la Legislatura, Cristian Ritondo, dijo: “No creo que se trate de una simple acción delictiva” y el socialista Oscar González llamó a “condenar sin contemplaciones el grave episodio”.

Publicado por el diario El Argentino y Ambito Financiero el 15 de diciembre de 2009




viernes, 11 de diciembre de 2009

Sobre las declaraciones de Posse, Menéndez y Biolcatti

"Genocidas, conspiradores y cagatintas"

El dirigente socialista Oscar González dijo hoy al referirse a las declaraciones de Luciano Menéndez, Hugo Biolcatti y Abel Posse que "enredados en la nostalgia autoritaria, un genocida, un conspirador y un cagatintas, unificaron su discurso para difamar al Estado de Derecho y ultrajar a la democracia".

"Al propiciar la represión para erradicar los conflictos sociales, promover la destitución de gobernadores electos por el pueblo y difamar a las autoridades legítimas de la República, esos tres personeros del pasado actúan como verdaderos agentes disolventes y merecen el repudio de la ciudadanía", añadió el secretario de Relaciones Parlamentarias del Gobierno nacional.

González agregó: "Posse, epígono del duhaldismo recogido por Mauricio Macri que aborrece las protestas sociales, el garantismo y los jóvenes rockeros, Biolcatti, que quiere "descabezar" al gobierno bonaerense, y Menéndez que en su alegato en el juicio que se le sigue por crímenes de lesa humanidad, exalta a la dictadura, tienen entre sí conexiones profundas: todos defienden la desigualdad y el privilegio".

"Este discurso perimido revela que la sociedad aún debe permanecer alerta y confrontar con las armas del pluralismo, la democracia y la movilización popular con estos apologetas del terrorismo estatal y la desestabilización", concluyó.

Publicado por la agencia Télam el
viernes 11 de diciembre de 2009

jueves, 10 de diciembre de 2009

Entrevista a Oscar González

Tiempo de coaliciones para el centroizquierda

Por Oscar J. Serrat (x)

El panorama político argentino resultante de la elección legislativa del 28 de junio, que produjo un retroceso del gubernista Frente para la Victoria y un avance de la oposición situada a la derecha del actual oficialismo, otorgó relevancia a la veintena de diputados considerados de centroizquierda, un sector de difusos contornos, devenido en árbitro en una Cámara donde ningún bloque tiene mayoría absoluta.

La sesión preparatoria en que juraron los nuevos legisladores y se eligieron las autoridades de la Cámara baja , mostró sin embargo dividido a este sector. La mayor parte de sus integrantes se alinearon con la oposición y torcieron el brazo del “kirchnerismo” (la primera minoría) en la designación de la vicepresidencia primera del cuerpo y en la integración de las distintas comisiones.

Algunos observadores estimaron que esa actitud resaltó la independencia del grupo. Otros, en cambio, consideraron que el centroizquierda perdió una valiosa oportunidad para gravitar políticamente, al incurrir en un alineamiento que desvirtúa su perfil ideológico.

Entre quienes sostienen esta última interpretación está el ex diputado nacional Oscar González, quien fuera secretario general del Partido Socialista y está ahora encargado de asuntos parlamentarios en la Jefatura de Gabinete de Ministros del Gobierno nacional.

“La posibilidad de que el centroizquierda asuma una posición de liderazgo en términos políticos y sociales es algo cierto, aunque hay actitudes que hacen temer que se podría perder esa oportunidad”, declaró a MERCOSUR Noticias..

“Una llamada de atención preocupante, que no es importante en términos históricos aunque sí en la actual coyuntura política, fue la sesión constitutiva de la Cámara de diputados. Pudimos ver, en mi caso con alarma, que un sector de la izquierda perdía la brújula, por razones de mero oportunismo. Prefirió aliarse con el centroderecha para ocupar espacios en la vida interna burocrática de la Cámara, dentro de las comisiones”, afirmó este abogado y periodista de dilatada actuación, exiliado en México durante la pasada dictadura militar..

En opinión de González, “se perdió la oportunidad de reunir a la izquierda más próxima al Gobierno y a aquella que es más crítica, para poder así desempeñar un papel más importante en el Congreso”.

El dirigente socialista defiende la incorporación del centroizquierda a una coalición más amplia, de carácter progresista. “La política contemporánea se dirime, en todo el mundo, en forma de coaliciones. La vieja distinción según la cual cada partido representaba a un sector social determinado, a un segmento de clase, es un concepto que se ha ido atenuando con el tiempo”, asegura.

Esa atenuación, añade, obedece a que las sociedades son cada vez más complejas y a que la bipolaridad, de cuño marxista, está relativizada por la creciente diversidad del mundo de la producción y por el propio desarrollo del capitalismo. “Este sistema genera nuevos sectores, que en términos históricos podríamos llamar segmentos de clase. En su complejidad, requieren de una representación que es más general que la antigua clásica de los partidos de izquierda, en tiempos en que un partido representaba a los trabajadores y otro, de derecha, defendía los intereses de los capitalistas, los burgueses y los empresarios”, sostiene González.

A este panorama social y político complejo se suma, añade el entrevistado, la crisis de representación de los partidos políticos, un fenómeno mundial, causante de que la correspondencia entre partido y sector social se fuera diluyendo considerablemente.

González considera que en el caso argentino, “hoy es posible, como ya está sucediendo y sin duda ocurrirá en el futuro, que sectores con tradiciones políticas diferentes converjan para integrar una coalición de centroizquierda. Me refiero, concretamente, a las tres corrientes más importantes de la historia política argentina contemporánea, que son el peronismo, el radicalismo y el socialismo, o si se quiere mejor, la izquierda democrática”.

Pero también estima probable que segmentos minoritarios de esas tres fuerzas tradicionales se incorporen a coaliciones de centroderecha.

¿Qué opina González de la propuesta “transversal” que formuló al comienzo de su gestión el ex presidente Néstor Kirchner, de formar una gran fuerza de centroizquierda que atravesara las viejas fronteras partidarias?

“Las coaliciones no son un hecho de la naturaleza, sino el producto de situaciones objetivas concretas, pero también de la voluntad política de los actores fundamentales. Yo rescato la visión originaria que planteó Kirchner sobre la necesidad de una transversalidad política y social, como expresión de esas distintas tradiciones antes mencionadas”, responde.

Agrega González que “si hubo tropiezos y traspiés en la concreción de esa coalición de centroizquierda ‘transversal’ no fue por responsabilidad de Kirchner ni de su Gobierno, sino por la acción de la oposición mediática y política, que obligaron al ex Presidente a replantear su táctica y replegarse sobre la estructura tradicional de su Partido Justicialista. Estoy seguro que fue obligado por las circunstancias y que no fue un acto de voluntad”.

El dirigente socialista considera imprescindible la presencia del sector más progresista del peronismo en cualquier proyecto de coalición de centroizquierda. “Sería imposible e inconveniente que hubiera una construcción de esa naturaleza sin esa presencia densa, histórica, tradicional y extendida del peronismo”, asegura.

(x) De la Redacción de MERCOSUR Noticias.

Publicado por Mercosur Noticias el 10 de diciembre de 2009

lunes, 7 de diciembre de 2009

González-Congreso

"La oposición no caerá en el aventurerismo"

El secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional, el socialista Oscar González, reivindicó hoy el carácter de colegislador del Poder Ejecutivo y dijo que "la oposición no caerá en el aventurerismo".

González sostuvo que el Ejecutivo tiene la facultad constitucional de recibir "para su examen" los proyectos aprobados por el Congreso.

No obstante, descartó que la legítima decisión de rechazar total o parcialmente una iniciativa vaya a ser una práctica habitual "ya que se descuenta una actitud racional de la oposición que, además, no es un grupo homogéneo sino un calidoscopio ideológico donde hay también legisladores afines a las políticas del gobierno".

Para despejar incógnitas, González recordó que, "como dice el texto de la Constitución Nacional, sólo si el proyecto recibe la aprobación del Ejecutivo y éste lo promulga, la iniciativa adquiere el carácter de ley".

Aunque "es inequívoca la facultad de la Presidenta de desechar en todo o en parte cualquier proyecto, tal cual lo dice la Constitución en su artículo 83, no aparece en el horizonte ninguna posibilidad de que esa facultad necesite ser ejercida sistemáticamente".

Y puntualizó finalmente que "el sentido común y la sensatez de la oposición impedirá cualquier aventurerismo que conspire contra la gobernabilidad, porque ello la descalificaría frente a la opinión pública".

Publicado por la agencia Telam el lunes 7 de diciembre de 2009