jueves, 30 de septiembre de 2010

Oscar González, contra la insurgencia en Ecuador y escalada reaccionaria en el continente

La corriente Unidad Socialista del PS, se pronunció hoy a favor de la inmediata movilización

La corriente Unidad Socialista del Partido Socialista, a través del dirigente Oscar González, secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete de Ministros, se pronunció hoy "por la inmediata movilización de todos los pueblos de Unasur en defensa del gobierno democrático del Ecuador y contra la insubordinación de las fuerzas policiales en ese país, que expresa la escalada reaccionaria en el continente".

González denunció "una escalada continental que se expresa de distinto modo en cada uno de nuestros países y de la que dan cuenta las provocaciones mediáticas contra la candidatura de Dilma Rousseff en Brasil, el hostigamiento de cierto sector de la justicia a las medidas progresistas en Argentina y la desestabilización creciente del gobieno del presidente Lugo en Paraguay".

Al mismo tiempo, el diputado nacional de ese espacio político, Ariel Basteiro, presentó un proyecto legislativo solicitando que la Cámara de Diputados repudie la sublevación entendiendo que la misma "ostenta una profunda gravedad y amenaza a toda la región."

Publicado por los portales de noticias Gente BA y Xsupuesto, el 30 de septiembre de 2010

viernes, 24 de septiembre de 2010

Baltazar Garzón

Peregrino de la justicia universal

Por Oscar González, Ex diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Garzón comenzó a dar curso a los pedidos de investigación del horror en su país formulados por distintos colectivos humanitarios. La furibunda derecha ibérica y la resignación de Madrid lo impidieron brutalmente.


Virtualmente expulsado de su propio país, el juez español Baltasar Garzón sigue peregrinando por el mundo para recibir el reconocimiento internacional por su defensa de los Derechos Humanos. Esta vez el galardón se lo entregó en Estambul, Turquía, el pasado miércoles 15, la fundación Hrant Dink, bautizada con el nombre del periodista asesinado en 2007 por un grupo ultranacionalista que lo acusaba de reconocer la existencia del genocidio de un millón y medio de armenios, tras la Primera Guerra Mundial.

Para los argentinos no es noticia el compromiso del magistrado español: ya hace 15 años sorprendió al mundo al recibir a las víctimas de la dictadura de Videla, y dar curso después a las denuncias contra los genocidas que le presentaran entonces varias organizaciones humanitarias.
Su actividad fue irreprochable: instruyó las causas con minuciosidad, buscó las pruebas, convocó a todos los protagonistas. Por su estrado pasaron desde Adolfo Pérez Esquivel hasta Isabel Perón, desde Julio César Strassera y Ernesto Sabato hasta Hebe de Bonafini, Alfredo Bravo y Juan Gelman. Finalmente, pidió el encarcelamiento de un centenar de jerarcas militares, entre ellos Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Leopoldo Fortunato Galtieri, Cristino Nicolaides, Jorge Isaac Anaya, Antonio Domingo Bussi y Carlos Guillermo Suárez Mason.
Garzón aplicó el principio de la jurisdicción universal, según el cual cualquier Estado tiene autoridad para perseguir ante sus propios tribunales a un individuo presuntamente responsable de delitos de lesa humanidad, independientemente de su nacionalidad y la de la víctima, y aunque los hechos hayan sido cometidos en otros países. Este postulado, que data del siglo XVII, propone que no queden impunes los delitos atroces que afectan bienes jurídicos fundamentales y ofenden a la humanidad entera.

La jurisdicción universal es subsidiaria de la nacional y se aplica cuando el acusado no es juzgado en el Estado donde habría cometido los delitos aberrantes. Garzón actuó porque la justicia argentina no lo hizo.

Tardía pero acertadamente, en la Argentina se declaró finalmente la nulidad de las leyes de impunidad y de los indultos, y los tribunales locales están aplicados a hacer lo que eludieron durante 25 años. La lucha de los organismos de Derechos Humanos y de los partidos políticos progresistas y la clara voluntad del actual gobierno nacional hicieron posible que la jurisdicción nacional sea una realidad y los juicios contra los genocidas, en el país, estén en marcha.
España no tuvo la misma suerte. Una amplia amnistía dictada en 1977 y el Pacto de la Moncloa, tan ensalzado hoy aquí por quienes lo consideran poco menos que la panacea de la gobernabilidad, sepultaron la posibilidad de investigar los crímenes del franquismo.
Pero hay hechos más fuertes que el tiempo. Hechos que resurgen aunque se quieran ocultar. La desaparición de 130 mil personas a manos de la dictadura que gobernó España luego de la guerra civil está, justificadamente, entre ellos.
Liberado de tener que tramitar los procesos a militares argentinos, Garzón comenzó a dar curso a los pedidos de investigación del horror pasado en su país, formulados por distintos colectivos humanitarios. La furibunda derecha ibérica –hoy en ascenso– y la increíble resignación de Madrid lo impidieron brutalmente, llegándose al extremo de perseguir al juez, convertirlo en acusado y empujarlo fuera de su cargo.
Cerrado el camino de la jurisdicción española, descendientes de una víctima, patrocinados por el valiente abogado Carlos Slepoy –que representa en Madrid a las víctimas de la dictadura argentina–, acompañados por la Central de Trabajadores Argentinos, la Federación de Sociedades Gallegas y la mayoría de los organismos de Derechos Humanos denunciaron, ante la justicia argentina, el caso de Severino Rivas, alcalde socialista de Castro Rei, en Lugo, fusilado sin juicio ni defensa en 1936 y desaparecido hasta 2005. El primero entre todos los que se sucedieron entre el 17 de julio de 1936, un día antes del alzamiento de Franco, y el 15 de julio de 1977, día de las primeras elecciones democráticas.

La primera resolución judicial argentina rechazó el pedido. El fiscal Federico Delgado y la jueza María Romilda Servini de Cubría mandaron a archivar la causa, argumentando que nada impedía que el caso se juzgara en España. El criterio no fue convalidado por la Cámara Criminal y Correccional Federal, que revocó esa resolución, entendiendo que si efectivamente en España no había juicios, los debería haber acá. Mandó abrir la causa y ordenó la primera medida: preguntar a España si está investigando los crímenes del franquismo. Si las autoridades españolas admiten la verdad, quedará habilitada la jurisdicción universal, y en la Argentina se juzgará el genocidio sucedido durante las décadas en que imperó la dictadura española.
Resultan hoy imprevisibles las consecuencias de las investigaciones por venir. A los fusilamientos extrajudiciales, desapariciones, torturas y detenciones se le sumará también la apropiación de hijos de republicanos por parte de partidarios del régimen, las adulteraciones de identidad y las confiscaciones a mansalva.

El tiempo transcurrido impedirá que la mayoría de los responsables comparezca ante los jueces, pero no que se produzcan variadas modificaciones, entre ellas la de la ley de memoria histórica, para que efectivamente implique una condena total a la dictadura, el agravamiento del delito de apología del franquismo, la posibilidad de una íntegra reparación a las víctimas, entre otras.
Es una satisfacción para todos los argentinos que ese proceso se desarrolle en nuestra tierra, la que eligieron tantos emigrantes –mis padres entre ellos– para huir de la pobreza, y tantos perseguidos políticos para salvar sus vidas. No se trata del azar. El momento histórico que vivimos lo permite. Nuestro país es, como dijo hace unos pocos días Navanethem Pillay, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la nación que más está juzgando los delitos de lesa humanidad cometidos durante su dictadura.

Es un orgullo para el movimiento de Derechos Humanos y también para la justicia argentina que desde sus tribunales se combatan todas las formas de barbarie, utilizando el principio de jurisdicción universal, para reafirmar aquello que Cesare Beccaria, el padre del derecho penal liberal, propiciaba en 1764: “La convicción de no encontrar un solo lugar de la tierra donde los crímenes reales sean perdonados debe ser el camino más eficaz para prevenirlos.”

Publicado por el diario Tiempo Argentino, pág. 17, Editorial, el 24 de septiembre de 2010




Oscar González

El secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete criticó a los empresarios del Grupo de los Siete y dijo que “la participación obrera en las ganancias de las empresas ya fue asumido legislativamente en muchos de los países capitalistas más avanzados".

Publicado por el diario Buenos Aires Económico, el 24 de septiembre de 2010, pág. 3.




“La participación obrera, antídoto contra evasión, fraudes y vaciamientos”

Así lo manifestó Oscar R. González, secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, además criticó ayer al conglomerado patronal denominado G-7

El secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, el socialista Oscar R. González, criticó ayer al conglomerado patronal denominado G-7 que "medio siglo después de sancionada la reforma constitucional se opone a que se torne operativa la cláusula que establece la participación obrera en las ganancias de las empresas, algo ya asumido legislativamente en muchos de los países capitalistas más avanzados".

"Como ya no pueden sostener la supuesta ilegitimidad del reclamo porque cayeron por fin en la cuenta de que el art. 14 bis está en la Carta Magna desde hace 53 años, ahora dicen que no fueron consultados, como si cada uno de los avances de la legislación obrera -a partir del Nuevo Derecho iniciado por Alfredo Palacios a comienzos del siglo XX- hubiera surgido de una interlocución benevolente y no de la lucha de los trabajadores", dijo el ex diputado del PS. "

Por suerte hoy existen condiciones políticas para que esta iniciativa pueda prosperar: un gobierno sensible a los reclamos de los trabajadores, una situación económica y social estable y un Congreso en pleno funcionamiento", dijo González, para quien "nadie como los propios empleados va a cuidar mejor la buena marcha de la gestión empresaria, evitándose los episodios de evasión, fraude y vaciamiento generados muchas veces por patronales inescrupulosas".

Publicado por la Agencia de Noticias Telam y el portal de noticias El Intransigente, el 23 de septiembre de 2010

Quejas empresarias por el reparto de utilidades

La ganancia no se toca

Biolcati, De Mendiguren y Brito insistieron en las críticas al proyecto de la CGT para que los trabajadores participen de las ganancias empresarias. Respuestas desde el Gobierno.
Los representantes de las cámaras patronales nucleados en el G-7 continuaron con sus críticas hacia el proyecto de ley para que los trabajadores participen de las ganancias empresarias. Hugo Biolcati, reelecto ayer al frente de la Sociedad Rural, manifestó que la iniciativa presentada por el diputado Héctor Recalde (FpV) es "demagógica" y que "ahuyentará inversiones". Por su parte, el vicepresidente de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, aseveró que la CGT pretende la "cogestión sindical". También se sumó a los reclamos Juan José Aranguren, el titular de Shell, quien aseguró que los empresarios argentinos "tienen miedo" de oponerse al Gobierno. Si bien éste no es un proyecto impulsado por el Ejecutivo, tiene su apoyo. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, defendió la iniciativa: "No me asombra que haya grupos de empresarios que se resistan a esto, porque no es nuevo, lo han hecho toda la vida", cuestionó.

Las cámaras patronales siguen con su embestida hacia el proyecto de ley que pretende distribuir el 10 por ciento de las ganancias empresarias entre los trabajadores. Si bien este es un tema que está consagrado en la Constitución Nacional desde hace 53 años, la mayoría de los empresarios que alzaron sus críticas señalaron que "no es oportuno" el planteo. "En un momento en que Argentina necesita inversiones, un proyecto de estas características, presentado de manera unilateral, con una participación discrecional del sector sindical en la toma de decisiones empresarias, hace que las inversiones se demoren aún más", vaticinó Biolcati.

En los fundamentos del proyecto presentado por Recalde se especifica que además de avanzar en la distribución de las ganancias entre los trabajadores, otro objetivo del proyecto será contribuir a la lucha del empleo en negro. Por eso se crea un fondo solidario. La informalidad laboral llega al 36,5 por ciento, mientras que en los sectores rurales asciende a más del 70 por ciento. Los empresarios no repararon en este punto.

"No pensé que iba a haber una reacción así. La verdad es que me da vergüenza. Sin embargo, lo importante es que ya está abierto el debate", señaló Recalde. Sobre la "unilateralidad" en la decisión, el diputado del FpV manifestó que el proyecto contempla la creación de un consejo tripartito, formado por el Estado, los empresarios y los sindicatos, que funcionará como autoridad de aplicación de la normativa.

Más allá de la participación que tendrán los empresarios en la reglamentación de la normativa, a través del citado consejo, De Mendiguren volvió a denunciar una embestida gremial. "Es una ley de distribución de ganancias y cogestión sindical. Esta cuestión viene escondida detrás del proyecto", agregó el vicepresidente de la UIA.

Por otro lado, el banquero Jorge Brito, titular de Adeba, también cuestionó el proyecto, aunque se mostró más moderado que sus colegas. "Objetamos la participación directa en la dirección de la empresa, pero no es una pelea, sino que hay diferencias de opiniones. Los empresarios queremos sentarnos a dialogar", manifestó.

Por su parte, el secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, Oscar González, criticó al conglomerado patronal nucleado en el G-7: "Por suerte, hoy existen condiciones políticas para que esta iniciativa pueda prosperar, un gobierno sensible a los reclamos de los trabajadores, una situación económica y social estable y un Congreso en pleno funcionamiento. Como ya no pueden sostener la supuesta ilegitimidad del reclamo, ahora dicen que no fueron consultados, como si cada uno de los avances de la legislación obrera hubiera surgido de una interlocución benevolente y no de la lucha de los trabajadores".

A su vez, Randazzo sostuvo: "No estamos de acuerdo con el planteo de estos empresarios, es sumamente importante que el tema se debata en el Parlamento", indicó. "La Argentina debate si se distribuye el 10 por ciento de las utilidades de las empresas cuando el mundo discute cómo hace para no despedir trabajadores", agregó.

El proyecto comenzará a debatirse en comisión en las próximas semanas. Según remarcó el propio Recalde, su tratamiento en el recinto podría llegar recién en noviembre, ya que en el Congreso hay varios temas relevantes para el oficialismo, como el Presupuesto 2011 y Papel Prensa.

Publicado por el diario Página 12, pág. 10, Economía, el 24 de septiembre de 2010



Utilidades empresarias

Crece el debate por el proyecto para repartir las ganancias

Para Brito, perjudicará la inversión y el empleo; De Mendiguren dice que establece la "cogestión" gremial

El proyecto para repartir el 10% de las ganancias de las empresas entre los trabajadores y la posibilidad de facilitarles el control sobre los resultados volvió ayer a suscitar críticas entre los empresarios y la unívoca defensa de funcionarios del Gobierno y del autor de la iniciativa, el diputado y abogado de la CGT Héctor Recalde.
Los cuestionamientos empezaron desde temprano, con las posturas de José Ignacio de Mendiguren, secretario de la Unión Industrial Argentina (UIA), y Jorge Brito, presidente de la Asociación de Bancos de Capital Privado Argentino (Adeba). En comunicación con Radio 10, el dirigente fabril juzgó la iniciativa "una ley de distribución de ganancias y cogestión sindical". Ante el argumento de que está contemplada en el artículo 14 bis de la Carta Magna, De Mendiguren contestó: "Hay que leerla toda: la libre agremiación sindical, el derecho a la vivienda y el 82 por ciento móvil también están en la Constitución".
Brito, en tanto, advirtió que el proyecto "genera menos inversión y menos fuentes de trabajo" y criticó en particular la posibilidad de otorgarles a los trabajadores el control sobre los resultados. "Nuestra pretensión era consensuar el proyecto y no que se presentara aislado -dijo al canal C5N-. Objetamos la participación directa en la dirección de la empresa, pero no es una pelea: hay diferencias de opiniones." El banquero elogió la situación económica: "No sólo la foto es buena, sino que la película muestra que la Argentina tiene por delante 10 años buenos". Pero estimó que "hay que hacer una agenda: si se tocan los temas aisladamente no se está mirando íntegramente un proyecto de país".
A Brito se le sumó Hugo Biolcati, presidente de la Rural. Aunque advirtió que "en sí misma la institución de la participación en las ganancias es un hecho en que se puede avanzar sin ninguna duda" y que "en muchos países funciona", el dirigente objetó que "es inapropiado en este momento" por haberse tratado en forma unilateral. Según Biolcati, "es un tema que es necesario establecer de común acuerdo sin perjudicar las expectativas de inversión, que es un tema delicado".
Pedro Etcheberry, abogado de la Cámara Argentina de Comercio, aclaró que esa entidad no estaba cuestionando el mandato constitucional de la participación en las utilidades, pero sí rechazaba la posibilidad de que se disponga su obligatoriedad, en lugar de dejar que el tema quede sujeto a la negociación entre empresas y sindicatos. "El derecho ya está asegurado en las leyes", afirmó, y agregó que "no es posible que hasta el más chico de los comercios termine, con el transcurso del tiempo, debiendo pagar por sus utilidades", en referencia a que, aunque en distintos plazos, el proyecto prevé que todas las empresas se vean alcanzadas.
Con él coincidió Adolfo Ablático, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa. "El clima de inversiones se menoscaba cuando detrás de un principio genuino y virtuoso como es la equilibrada participación en los beneficios se promueven leyes sin los imprescindibles consensos previos entre quienes se verán involucrados y sin evaluación sobre el contexto y oportunidad histórica en que serán aplicados", dijo en un almuerzo.
En cambio, la defensa más categórica del proyecto corrió por cuenta del propio Recalde. "No pensé que fuera a haber una reacción así, me da vergüenza; pero lo importante es que ya está abierto el debate, la discusión", afirmó a radio Millenium. El abogado de la CGT explicó que se contemplaba la creación de un consejo tripartito que supone "más participación entre las partes" y se encargaría de "administrar, regular, etcétera".
Florencio Randazzo, ministro del Interior, pidió que el proyecto se tratara y se refirió al rechazo que, 24 horas antes, había emitido el Grupo de los Seis, conformado por las cámaras más importantes. "Es sumamente importante este debate en el Parlamento. No estamos de acuerdo con el planteo de estos empresarios. No me asombra que haya grupos que resistan a esto porque no es nuevo, lo han hecho toda la vida", concluyó.
Oscar González, secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, también cargó contra el G6. "Como ya no pueden sostener la supuesta ilegitimidad del reclamo porque cayeron por fin en la cuenta de que está en la Carta Magna desde hace 53 años, ahora dicen que no fueron consultados, como si cada uno de los avances en la legislación obrera hubiera surgido de una interlocución benevolente y no de la lucha de los trabajadores. Nadie como los propios empleados va a cuidar mejor de la buena marcha de la gestión empresaria, evitándose los episodios de evasión, fraude y vaciamiento generados muchas veces por patronales inescrupulosas."
Otras entidades optaron por la prudencia. Como el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, que dijo en un comunicado que la iniciativa "merece un debate serio y multisectorial hasta llegar a un consenso amplio".

Publicado por el diario La Nación, pág 1, Economía y Negocios, 24 de septiembre de 2010




domingo, 19 de septiembre de 2010

La cláusula dormida que desvela a
Mendez & cia


Por Oscar González

Más de medio siglo después de que se incorporara a la Constitución Nacional el principio de la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, el presidente de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, reveló su desprecio por los derechos laborales al calificar como un intento de cubanizar la Argentina al anunciado proyecto de ley del diputado Héctor Recalde, que procura hacer operativa la disposición constitucional.

La airada reacción del dirigente corporativo revela una concepción que remite a los tiempos de la Revolución Industrial, cuando las patronales ejercían un poder absoluto en el que no cabía ninguna regulación estatal para proteger a los trabajadores de los abusos, incluido el trabajo infantil y la extensión de la jornada laboral sin otro límite que no sea la extenuación. Los socialistas argentinos la emprendieron ya a fines del siglo XIX contra esas iniquidades y a comienzos de 1900 se lograron las primeras normas de ese "nuevo derecho" que durante el peronismo se constituyó en un cuerpo de normas mucho más amplio y articulado.

Ese proceso de creciente regulación de las relaciones entre el capital y el trabajo, mejoró sustancialmente las condiciones laborales y, en general, significó el cumplimiento de los derechos sociales básicos, que la Constitución argentina receptó en 1957 en el artículo 14 bis, que incluye también el control obrero de la producción, otra disposición que no se cumple.
El debate de entonces tiene su interés: el convencional constituyente conservador Reynaldo Pastor alegaba entonces lo mismo que hoy dice Méndez, mientras que el socialista Julio César Martella proponía sustituir "participación de los trabajadores" por "de los sindicatos". Otro socialista, Eduardo Schaposnik, propiciaba cambiar "colaboración en la dirección" por una más radicalizada "participación en la dirección" de las empresas.

Conocidas conjuntamente como cogestión obrera, ambas atribuciones de derecho se encuentran en la legislación de numerosos países que distan de estar cubanizados, como supone el primitivismo conceptual del empresario del plástico. Para citar algunos casos, en Alemania la cogestión está reglada por leyes dictadas entre 1951 y 1956; en Francia por una ordenanza que data de 1945; en Bélgica rige desde 1948; en España desde 1962, en tanto que en Suecia, Inglaterra e Italia forma parte de los convenios laborales que se pactan entre sindicato y empresa. La Organización Internacional del Trabajo reconoce la importancia de esta institución en un documento de 1981, titulado "La Participación de los Trabajadores".

Contrariamente a las desventuras del líder de la UIA, en los ex países comunistas, la institución no se desarrolló.

La participación en las ganancias y el control obrero de la producción, reivindicadas tenazmente por Alfredo Palacios en la Convención de Santa Fe, es una consigna histórica del sindicalismo y de la izquierda que han sido reivindicadas por los trabajadores y sus organizaciones gremiales, como consta en los legendarios programas de La Falda (1957), Huerta Grande (1962) y de la CGT de los Argentinos (1968). En este último documento puede leerse una síntesis luminosa: "Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir no sólo en la producción, sino en la administración de las empresas y la distribución de los bienes".

El advenimiento de la hegemonía mundial del capital financiero, aquí anticipado por la dictadura militar, debilitó los derechos sociales y laborales, de hecho y mediante normativas como la tristemente famosa flexibilización laboral, pero la participación en las ganancias y algunas formas de cogestión, como los comités de empresa que permiten el acceso de los representantes sindicales a la contabilidad empresaria, se han mantenido en varias latitudes por cuanto ya forman parte de la concepción moderna de las condiciones sociales de producción.

La existencia de esos institutos no implica, obviamente, la anulación del natural conflicto entre trabajadores y empresarios sino el establecimiento del legítimo derecho de los trabajadores de controlar la administración empresarial, por cuanto ello compromete el presente y el futuro de los puestos de trabajo, muchas veces destruidos por patronales inescrupulosas.

Es imposible alejar las declaraciones del señor Méndez de la clara ofensiva política del capital industrial, agrario y financiero más concentrado por reconquistar la perdida preeminencia sobre el Estado y el sentido de las políticas públicas. Todo ello pese a que los altos índices de crecimiento económico del país y las condiciones oligopólicas en ramas fundamentales de la industria, sumado a un Estado que apoya firmemente la producción y el empleo, generan ganancias que están a la par y por momentos por encima de la tasa de rentabilidad de la mayoría de los países de desarrollo medio y aún de los más industrializados.

El proceso de democratización política y económica puesto en marcha en los últimos años –particularmente desde 2003- marcó una agenda, aún en curso, que abarca desde derechos laborales específicos, como la legislación sobre accidentes de trabajo y la plena vigencia de las paritarias y el Consejo del Salario, hasta la recuperación del ingreso social mediante el rescate del sistema provisional y la implantación de la asignación universal por hijo.

El horizonte político que marcan las presidenciales del año próximo acentúa la campaña destinada a generar miedo en la sociedad y, subestimando su inteligencia, agitar fantasmagóricas asechanzas cuando no sólo impera una Justicia totalmente independiente sino que el Congreso, que funciona a pleno, delibera con un oficialismo en minoría que debe lidiar para sacar adelante cada uno de los proyectos del Ejecutivo.

Publicado por la
Agencia de Noticias Télam y el portal El Patagónico, el sábado 18 de septiembre de 2010

viernes, 10 de septiembre de 2010

El diario Clarín, el golpe y las vísperas

La retórica de Balbín era utilizada para convalidar la convicción del grupo directivo, encabezado por Héctor Magnetto, de que los activistas sindicales integrábamos los supuestos escuadrones de una tenebrosa ‘guerrilla industrial’

Oscar González*

Ese verano de 1976 transcurría con tantos nubarrones –la inminencia de un golpe de Estado era un secreto a voces– que un grupo de amigos decidimos pasar juntos las breves vacaciones de ese año, congregados en una módica quinta, al Oeste de Buenos Aires.

La razón de esa coincidencia veraniega no era sólo la camaradería que nos unía, sino otra más decisiva: quienes habíamos decidido seguir viéndonos las caras aun en esos días de receso estival éramos todos delegados sindicales de empresas periodísticas.

La mañana del lunes 2 de febrero, el teléfono sonó muy temprano y lo desusado de la hora fue el presagio de lo que sobrevendría. Era el llamado de una compañera que había sido rechazada al intentar tomar servicio a las 6 en el edificio de Tacuarí al 1800. Así nos enterábamos que había comenzado la avalancha de despidos en la empresa AGEA SA, editora del diario (el Grupo Clarín aún no existía).

Lo demás fue una maratón para llegar lo antes posible a las puertas de la empresa, consultar a los abogados amigos y convocar a todos los trabajadores a concentrarse en las inmediaciones del lugar. A las pocas horas, el panorama establecía que habíamos sido despedidos los 13 integrantes de la comisión interna y varios de los trabajadores sindicalmente más activos. Con el correr de los días, la purga incluiría a decenas de trabajadores de todas las áreas del diario.

Perseguidos por el gobierno de Isabel Perón, que había intervenido nuestra Asociación de Periodistas en 1974, un año después la ofensiva llegaba directamente a las empresas, y los desplazados fuimos entonces los integrantes de las comisiones internas, entre ellas y en primer lugar, la del diarioClarín, a la que se consideraba la más poderosa del sector. Para entonces, ya la Triple A se había ensañado con algunos de nuestros compañeros y el horizonte aparecía teñido de incertidumbre y oscuros pronósticos.

Urgida por la furia que le causaba una representación consecuente y tenaz, que contaba con un fuerte respaldo de los trabajadores –y que además mantenía lazos de solidaridad con otras comisiones internas y empresas de la zona (era la época de las coordinadoras)– la ofensiva patronal había comenzado mucho antes.

Para diciembre de 1975 ya teníamos confirmada la decisión de la cúpula empresaria de quebrar el sólido movimiento gremial que desde 1972 había hecho de esa empresa uno de los bastiones del sindicalismo combativo. Nuestros compañeros que frecuentaban, por razones laborales, las alturas empresarias, nos confirmaban que los legajos con nuestras identidades habían salido rumbo al severo escrutinio de ciertos órganos de inteligencia.

La desgraciada retórica del legendario dirigente Ricardo Balbín era utilizada para convalidar la convicción del grupo directivo, encabezado por Héctor Magnetto, quien ya estaba a cargo de la gerencia general, de que los activistas sindicales integrábamos los supuestos escuadrones de una tenebrosa “guerrilla industrial”.

La negociación para que los compañeros cobraran sus indemnizaciones no resultó fácil: las múltiples gestiones ante los abogados de la empresa, las asambleas agitadas y marchas callejeras, todo eso sucedía en un clima irrespirable, mientras avanzaba inexorable la ominosa sombra del fatídico 24 de marzo. Ese día, cuando Magnetto y su círculo festejaban el golpe militar que les iba a garantizar la “paz social” en su empresa y pactaban con los nuevos amos del país los detalles para la apropiación de Papel Prensa, los despedidos de Clarín –como tantos millones de trabajadores argentinos– ingresábamos en la penumbra del desempleo, de la represión y, en muchos casos, del exilio.

*Periodista, secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado por el diario Tiempo Argentino, Editorial, pág. 16, el 10 de septiembre de 2010



jueves, 9 de septiembre de 2010

La pataleta del señor Méndez

Por Oscar González

La disparatada reacción del titular de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, ante la sola enunciación de que se pondría en discusión la puesta en marcha de una disposición constitucional que data de hace 53 años, refleja el arcaísmo que todavía habita en ciertos empresarios.
Reacios al reconocimiento de nuevos derechos sociales, obstinados exclusivamente en incrementar su tasa de ganancia, desdeñosos sobre el rol del Estado salvo cuando requieren del subsidio salvador, algunos industriales que debieran por oficio apegarse a los avances y la innovación, protagonizan pataletas macartistas y avizoran horrorizados que vamos a convertirnos en “otra Cuba”.

La iniciativa de hacer operativo el artículo 14 bis de la Constitución, inspirado en la reforma de 1949 y recogido por el texto de 1957 no hace sino establecer la responsabilidad del Estado en garantizar un conjunto de derechos laborales y sociales, entre los cuales incorpora la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, el control obrero de la producción y su colaboración en la dirección.

Precisamente, en el marco del diálogo político convocado por el Gobierno, el año pasado, los socialistas bonaerenses presentamos un documento en el que, entre otros temas, se planteaba la necesidad de darle plena vigencia a esa norma, en particular a la cogestión obrera, institución que varios países europeos, como España, Italia y Alemania han incorporado a su legislación laboral y que el movimiento obrero argentino levantó en sus programas históricos de La Falda (1957), Huerta Grande (1962) y CGT de los Argentinos (1968).

Los grandes estudios jurídicos que asesoran a las empresas poderosas rechazan aquella participación de los trabajadores alegando que dejar inmiscuir a los asalariados en el control de los libros y socializar rentas sería intolerable e implicaría falta de seguridad jurídica.
Más allá de la superfi cialidad de este razonamiento, lo cierto es que la cogestión obrera es un instrumento que permitirá a los trabajadores ejercer un derecho que en la Argentina se ha denegado tenazmente en nombre de la libertad de empresa, el de monitorear la producción y acceder a las contabilidades.

Esa facultad en manos de los trabajadores es un arma formidable para evitar maniobras inicuas, desde la evasión en sus múltiples formas hasta la quiebra fraudulenta y otras modalidades de vaciamiento con que algunos patrones irresponsables acrecientan su riqueza personal mientras cierran fábricas y despiden trabajadores sin abonar indemnizaciones ni salarios pendientes.

Así, la reacción frente a la iniciativa del diputado Héctor Recalde de tornar operativo aquel artículo de la Carta Magna es un llamado de atención sobre la falta de solidaridad social que muestran algunos segmentos del empresariado.

La contracara es seguir avanzando cada día en la consolidación de nuevos derechos sociales y laborales, y fortaleciendo el proyecto político que lidera la Presidenta, que sitúa al trabajo, la producción y la inclusión social en el centro de sus preocupaciones y, más que nada, de sus decisiones.

* Ex secretario general y diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado por el diario El Argentino, nota de tapa y pág. 1, el 9 de septiembre de 2010.






miércoles, 8 de septiembre de 2010

Participación obrera en las ganancias

Empresarios que atrasan

Por Oscar González*

La intempestiva reacción de algunos empresarios frente a la iniciativa del diputado Héctor Recalde para darle operatividad al articulo 14 bis de la Constitución en lo referido a la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, revela hasta qué punto cierto segmento de las patronales argentinas continúa aferrado a una concepción retrógrada, rentística y parasitaria.

Falto de imaginación, el señor Héctor Méndez, empresario plástico y presidente de la UIA, apeló al lugar común de vincular el proyecto del legislador con una supuesta cubanización de la Argentina. La prosaica afirmación contraría las tendencias contemporáneas del derecho laboral, revela ignorancia sobre la vigencia de esta institución en varios de los países socialmente más avanzados y ratifica la naturaleza inmovilista de quienes, por la misma naturaleza de su menester, debieran ser amigos de la innovación y partidarios del progreso.

Esbozado en la Constitución de 1949 -derogada por los golpistas del 55- e incorporado como parte del primer capítulo de nuestra Carta Magna por la Convención Constituyente de 1957, el principio de la cogestión obrera hunde sus raíces en añejas tradiciones del sindicalismo y de la izquierda. No fue casual entonces que el legendario dirigente socialista Alfredo Palacios, pionero de la legislación laboral, fuera uno de sus principales argumentadores en las sesiones que tuvieron lugar en Santa Fe hace 53 años.

Que todavía hoy esté pendiente la aplicación de ésta disposición de rango constitucional es evidencia del atraso en que aún nos encontramos como sociedad, sobre todo porque en jornadas y proclamas históricas, el movimiento obrero viene planteando a través de los años tanto la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, como el control obrero de la producción. Así consta en los programas de La Falda (1957), Huerta Grande (1962) y de la CGT de los Argentinos (1968). En éste último documento puede leerse una frase diáfana: "Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir no sólo en la producción, sino en la administración de las empresas y la distribución de los bienes".

Es por ello que los socialistas bonaerenses llevamos al diálogo político suscitado por el gobierno nacional en 2009, previo a la reforma política sancionada en ese año, la propuesta de darle plena vigencia a aquel dispositivo constitucional. Por eso ahora le damos la bienvenida a ésta iniciativa que, de ser aprobada por el Congreso, significará dotar a los trabajadores de un nuevo derecho que servirá para evitar maniobras perversas, dobles contabilidades, evasiones impositivas, quiebras fraudulentas y despidos arbitrarios. Será un nuevo avance que se inscribe dentro del proyecto de mejoramiento institucional y ampliación de ciudadanía que está en marcha.

*Ex diputado nacional y secretario General del Partido Socialista. Actualmente se desempeña como vicejefe de Gabinete de Cristina Kirchner.

Publicado por el portal de noticias La Política Online, el miércoles 8 de septiembre de 2010

martes, 7 de septiembre de 2010

González: "La participación obrera en las ganancias es una deuda social pendiente"

El secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, Oscar González, defendió hoy la iniciativa de participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas y señaló como "lugar común reaccionario" la declaración del dirigente empresarial Héctor Méndez, quien descalificó el proyecto del diputado Héctor Recalde invocando una supuesta "emulación de Cuba".
"Atacar una iniciativa que plantea hacer operativa una cláusula constitucional como el artículo 14 bis, establecido hace 53 años por una convención constituyente, revela hasta qué punto algunos empresarios argentinos, en lugar de producir, reinvertir y distribuir, sueñan con un destino rentístico y parasitario", dijo González.
El funcionario recordó en un comunicado que "el principal impulsor de la norma fue el legendario (dirigente y legislador socialista) Alfredo Palacios".
"La inclusión del derecho a la participación de los asalariados en las ganancias y el control obrero de la producción son precisamente lo más avanzado de aquella reforma constitucional de 1957 y, por lo tanto, constituyen una demanda social pendiente de realización que los socialistas reivindicamos desde siempre", concluyó el ex secretario general del PS.

Publicado por la agencia de noticias Télam y el portal del diario El Patagónico, el martes 7 de septiembre de 2010

sábado, 4 de septiembre de 2010

Otra vez la Alianza

Por Oscar González*

Las fuerzas de la oposición redoblan, con suerte despareja, sus esfuerzos para erigirse en alternativas capaces de polarizar el electorado en contra del Gobierno y sus eventuales candidatos. Así, las tres grandes constelaciones que describen los consultores políticos, el peronismo de derecha (con o sin el vapuleado Macri); el panradicalismo, esa opción pretendidamente socialdemócrata, y la convergencia nacional, popular y progresista que representa la continuidad del proyecto reformista en curso, disputarán en 2011 la conducción política de un país en plena recuperación.

Más allá de los plazos legales, la campaña política comenzó hace rato en el Congreso, donde la liga opositora ha logrado una rara unidad de acción en torno de proyectos que buscan, ante todo, paralizar las políticas públicas que ganan un considerable consenso popular y se tornan en derechos de ciudadanía. Es este accionar común, puramente denegatorio, lo que más allá de los enunciados, caracteriza la acción del Grupo A y de sus laderos ocasionales.

En ese marco, sectores del radicalismo y la cúpula del PS anuncian una nueva alianza, que llaman “progresista”, y convocan a sumarse a la Coalición Cívica, haciendo caso omiso de las impiadosas arremetidas de la diputada Carrió. La noticia sorprende porque entraña una curiosa formulación electoral, consistente en forjar una alianza de centroderecha encabezada por dos figuras que se muestran como de centroizquierda, el diputado Ricardo Alfonsín y el gobernador Hermes Binner.

Sin analizar ese formidable equívoco, lo cierto es que el rol que objetivamente puede llegar a desempeñar ese enlace, sobre todo si la CC resuelve ser parte de la combinación electoral, no es otro que el de competir por el respaldo de quienes descreen de la orientación del gobierno nacional y su programa de transformaciones.

Es obvio que quienes apoyan las innovaciones iniciadas por el ex presidente Néstor Kirchner en 2003 –Corte Suprema, derechos humanos, autonomía del FMI, convenciones colectivas, integración sudamericana– y, más aun, quienes respaldan las más audaces iniciativas de la Presidenta –recuperación de fondos provisionales y de Aerolíneas, Asignación por Hijo, democratización informativa– van a ratificar ese paradigma en 2011.

De modo que el universo electoral al que pueden dirigirse la nueva alianza panradical, más allá de la retórica, es el mismo en el que van a incursionar las demás opciones, sea Duhalde, Solá, Macri, Das Neves o quien fuere. Caso aparte el de Proyecto Sur que, de colocar a Solanas en la disputa presidencial, podrá beneficiarse de la proverbial iracundia cívica de cierto sector medio y urbano, el que acompañó en su momento a Luis Zamora.

Es por eso que los socialistas que nos identificamos con la tradición programática que privilegia sobre todo la preservación y ampliación de las libertades individuales y la conquista de cada vez más derechos sociales, no entendemos el sentido de reinventar una Alianza que ya fracasó en 2001 y de la cual nos autocriticamos entonces, incluso antes de la convulsión final.

Aquella participación en el gobierno de De la Rúa, ese conservador políticamente correcto que supimos apoyar “para evitar males mayores”, solo sirvió para que alguno de los que ahora propician reeditar aquella alianza contradijera los más sagrados principios del socialismo votando la flexibilización laboral. Por eso no asombró que ese mismo sector acompañara más tarde el alzamiento ruralista y hoy propicie un imaginario 82 por ciento móvil, iniciativa que, sin recursos, acabaría por fulminar el sistema previsional solidario.

Hoy, muchas decisiones del Gobierno –como las mencionadas– son propias de una agenda socialista. Simultáneamente, las corporaciones dictan estrategias y buscan una opción electoral subordinada que las represente para preservar privilegios que están siendo cuestionados en un proceso de recuperación la autonomía de la política respecto de los poderes de facto. Por eso contrariar las medidas reformistas del Gobierno sólo puede ser un simulacro de progresismo y, por el contrario, exigir la profundización del sentido innovador y justiciero de las políticas públicas en marcha es lo que evidencia a quienes son partidarios de la evolución social.

* Ex diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado en el diario Página 12, el sábado 4 de septiembre de 2010

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Oscar González: "No hay que reinventar la Alianza"

El ex secretario general del Partido Socialista, Oscar González, dijo hoy que es sorprendente que el oficialismo de su partido "se desviva por lograr un acuerdo electoral con el radicalismo y la Coalición Cívica para las presidenciales de 2011, porque los avances y mejoras mensurables en las condiciones de vida de los trabajadores y la ampliación de los derechos y libertades ciudadanas son conquistas logradas durante la gestión de la presidenta Cristina Fernández".

"Los socialistas que levantamos las banderas tradicionales del PS, no entendemos por qué hay que reinventar la Alianza y relanzar un acuerdo de centroderecha que ya fracasó en el 2001 cuando admitimos la candidatura de De la Rúa" dijo el hoy secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional. "En aquel momento creíamos que votar a un conservador moderado era lo políticamente correcto y pronto tuvimos el resultado conocido", reflexionó el ex legislador nacional del PS.

"Sería más lógico -razonó González- que el gobernador Hermes Binner y el diputado Ricardo Alfonsín, que se consideran socialdemócratas, contribuyeran a la profundización del proceso de cambios que vive la Argentina desde 2003 y no que se presten a ser los candidatos de centroizquierda de una opción de centroderecha" .

El funcionario recordó que "muchas de las decisiones del gobierno son comunes a la agenda socialista, como la recuperación del sistema solidario de jubilaciones, la implementación de la asignación universal por hijo, la democratización de la comunicación audiovisual y, ahora, el carácter de interés público de la producción de papel para diarios".

Publicado por la Agencia de Noticias Télam, el 1° de septiembre de 2010