viernes, 27 de noviembre de 2009

Políticas de Estado

por Oscar R. González*

Dos ex senadores, el peronista disidente Eduardo Duhalde y el radical independiente Rodolfo Terragno, vuelven a menear la necesidad de que las distintas fuerzas políticas acuerden políticas de Estado, entendiendo por tal un conjunto de propuestas que los gobiernos, cualquiera sea su origen y pertenencia, se comprometan obligatoriamente a respetar.

Sin prejuzgar sobre la intención coyuntural que anima a ambos dirigentes, el consenso general identifica a aquellas políticas estatales con la formulación de ciertas bases de sustento de la gobernabilidad democrática que, por definición, se consideran justas e imprescindibles.

Se trata de una categoría política -no jurídica- cuya consolidación depende de dos circunstancias: la legitimidad que alcancen tales propuestas y la relación de fuerzas vigentes al momento de su puesta en marcha.

De ahí que, aquí y en todo el mundo, las políticas de Estado han tenido un sesgo diferente según la impronta del gobierno que logra aplicarlas.

Si el sentido de justicia universal prescribe, por ejemplo, la plena vigencia de los derechos básicos a la salud, la educación, el salario y otras garantías laborales y sociales que tienen rango constitucional, es siempre la política la que determina su vigencia o su violación según el gobierno de que se trate.

Así, el derecho a la jubilación fue maltratado por la privatización del sistema previsional en tiempos de Menem-Cavallo, y la intangibilidad del salario fue abolida de hecho con el descuento que se aplicó a los empleados públicos con De la Rúa-Cavallo.

Por supuesto, sería ideal que las políticas de Estado expresen una coincidencia suprapartidaria que asegure de una vez y para siempre la inviolabilidad de esos derechos y constriña a los poderes ejecutivos, cualquiera sea su color, a tomar decisiones y aplicar medidas que los garanticen plenamente.

Pero sería ingenuo pensar que tales coincidencias se mantendrían a salvo de la puja de intereses concretos que se expresa en el conflicto por la distribución de la riqueza.

De hecho, una de las políticas públicas enunciadas por el FMI para todos los países es la autonomía de los bancos centrales, una medida que no es una política de Estado sino una medida que sirve para trasladar del Estado al mercado decisiones en materia monetaria y financiera.

La derecha ha soñado siempre con que las medidas que la favorecen sean inamovibles, de modo que ningún gobierno que se proponga reparar injusticias pueda revisarlas.

Afortunadamente, la recuperación de los fondos previsionales, la renovación de la Corte Suprema de Justicia -que en tiempos de Menem garantizaba con sus fallos el despojo-, la restitución de las negociaciones paritarias, la reanudación de los juicios contra los genocidas, la reciente asignación a la niñez y otras medidas tomadas en los últimos años, contrarían ese intento de congelar la historia en su punto de mayor inequidad. Estas son políticas de Estado.

* Dirigente socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado por la agencia Telam el 27 de noviembre de 2009

miércoles, 25 de noviembre de 2009

SOBRE LA REFORMA POLITICA

"Tenemos una oposición escapista, que huye de sus responsabilidades"

El secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional, el socialista Oscar González, censuró hoy la actitud de "una oposición escapista, que prefiere huir de sus responsabilidades abandonando el recinto o las comisiones, ignorando que la deliberación hace a la naturaleza de la acción legislativa".
El ex secretario general del Partido Socialista se refirió así a la actitud de los senadores que ayer abandonaron la discusión sobre la reforma política en la Cámara Alta y recordó que "ya se está haciendo una costumbre institucionalmente perniciosa eso de salir en estampida de los ámbitos parlamentarios cada vez que no se tienen las de ganar".
González recordó que "esto ya sucedió en ocasión de la votación en el recinto de la Cámara de Diputados de la Ley de Comunicación Audiovisual, hecho del que después varios legisladores opositores dijeron arrepentirse y llevó a los senadores a dar el debate, que es lo que corresponde".
"Les pido a esos legisladores que dicen que el gobierno no tiene debidamente en cuenta al Poder Legislativo o que quiere convertirlo en una mera escribanía, que desistan de estas actitudes de desprecio por la interlocución democrática y que cumplan con su deber de participar en el proceso de sanción de las leyes", concluyó González.

Publicado por la agencia Télam el 25 de noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

En Telam

Sumar y Seguir

Buenos Aires, 21 de noviembre (Télam) Por Oscar González*

La sanción por el Congreso de varias leyes clave -recuperación del sistema previsional solidario, rescate de la aerolínea de bandera, democratización de la comunicación, asignación universal a la niñez- fue el logro de mayorías parlamentarias plurales que demostraron la voluntad política común de apuntalar cambios de indudable orientación progresista

La sanción por el Congreso de varias leyes clave -recuperación del sistema previsional solidario, rescate de la aerolínea de bandera, democratización de la comunicación, asignación universal a la niñez- fue el logro de mayorías parlamentarias plurales que demostraron la voluntad política común de apuntalar cambios de indudable orientación progresista.

Aquella conjunción tuvo como protagonistas fundamentales a los legisladores oficialistas aunados a representantes de otras fuerzas, particularmente aquellas situadas a la izquierda del arco político, la llamada centroizquierda.

Esos avances llevaron desazón a quienes desde la vereda derecha del espectro pensaban que el famoso episodio de la 125 o acaso el resultado electoral de junio iban a obturar el ciclo de reformas iniciado en 2003.

Para recomponer el ánimo, cierta oposición se abonó al espejismo de que el 10 diciembre próximo, cuando se renueven ambas cámaras, habrá la ocasión de arrebatar espacios parlamentarios para condicionar al gobierno nacional e interceptar el camino de innovación política e inclusión social.

Pero sucede que la renovación parlamentaria permitirá la entrada en escena de una respetable representación de centroizquierda que, aunque no es un contingente unívoco, puede enriquecer el debate durante el año legislativo que abrirá la Presidenta el 1ø de marzo próximo.

Y como nada hace pensar que el rol del Parlamento se diluya y, menos que el Ejecutivo pierda la iniciativa de propiciar proyectos importantes, es oportuno reivindicar los mecanismos de acuerdo que llevaron a buen puerto las leyes decisivas cuya sanción honra al Congreso.

Hubo que poner flexibilidad, espíritu constructivo y hasta un cierto estoicismo de parte de los negociadores, lo que enaltece el objetivo alcanzado ya que las coincidencias no disolvieron las identidades de cada uno de los actores ni exigieron subordinación alguna.

Rescatar esa experiencia de articulación entre la centroizquierda y la representación oficialista a la hora de integrarse el nuevo Parlamento es sustancial para consolidar una verdadera política estatal de cambios que no puede imaginarse sin replicar y ampliar ese espíritu que imperó este año parlamentario que se cierra.

Lograr ese objetivo implica para el gobierno reconocer el valor y la riqueza de la diversidad y, para la izquierda democrática, superar el riesgo del narcisismo y el sectarismo.

Para ambos, significa constituirse en protagonistas de su propio relato.

*Ex diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

martes, 17 de noviembre de 2009

Entrevista a Oscar González - Asteriscos Canal Metro

Oscar González en Asteriscos TV - Canal Metro

“Quieren crear zozobra”, denunció un funcionario de la Casa Rosada
El dirigente socialista evaluó que la conflictividad está en baja. Elogió la asignación universal por hijo pero dijo que se podría mejorar. Dijo que sectores buscan desestabilizar.

El secretario de Gabinete y de Relaciones Parlamentarias, el socialista Oscar González, advirtió que existen sectores que pretenden provocar “un clima de zozobra”, al suscribir las sospechas de sectores del Gobierno nacional que observan movimientos con intención de afectar la gobernabilidad.

“Quizás no se trate de un plan expreso, pero sí hay numerosos indicios, acciones, la mayoría mediáticas, que tienden a crear un clima de zozobra, de perturbación social”, sostuvo el funcionario de la Jefatura de Gabinete.

Agregó, en esa línea, que se busca generar “cierta conmoción, agigantando situaciones, deformando otras, y provocando un clima verdaderamente hostil al Gobierno y crea un condicionamiento en la gente”.

El funcionario planteó que si bien no se puede hablar de una situación “ideal, en la Argentina los efectos de la crisis estuvieron mas atenuados que en otros, pero algunos prefieren destacar las aristas negativas y ocultar los cambios positivos”.

González puso como ejemplo la implementación de la asignación universal por hijo que impulsó el Gobierno nacional, “una medida prácticamente revolucionaria” según definió, y sobre la cual los medios hacen foco en las demoras para tramitar los requisitos ante la ANSeS.

En una entrevista con Asteriscos TV por Canal Metro, González consideró que en la calle, “la conflictividad ha bajado enormemente” y atribuyó las últimas movilizaciones a la existencia de “un aumento de las demandas a veces alimentadas por intereses clientelares, que se produce habitualmente a fin de año”.

El funcionario opinó finalmente que la definición de una “zurda loca” por parte del sindicalista Juan Belén de la CT fue “poco afortunadas remiten a una argentina que ya no existe, una definición arcaica que reflejan un mundo que ya no existe“.
(http://www.asteriscos.tv/entrevista-685.html)

sábado, 14 de noviembre de 2009

Compromiso con el cambio o autorreferencia intelectual

Una izquierda consecuente

Por Oscar R. González

Ahora que se recuerdan los 20 años de la caída del muro de Berlín, quizás sea el momento de analizar los cambios en el paisaje político mundial y, en particular, cómo han quedado posicionadas las opciones de izquierda tras el derrumbe de la versión centralizada y autoritaria del socialismo -incluido el desmembramiento de la Unión Soviética- proceso que fue saludado como un triunfo definitivo del capitalismo y el fin de las ideologías y, por lo tanto, del conflicto de clases en cualquiera de sus formas. Esa lectura necesaria no puede evitar analizar, también, el rol de la izquierda en países como el nuestro.


Lejos de sacar ventaja de la crisis del llamado socialismo real, la variante reformista-socialdemócrata europea ingresa inmediatamente después del cataclismo berlinés a su propia debacle expresada en una severa erosión electoral y un trance político-ideológico complicado, que entre otras cosas trae intentos supuestamente modernizantes como la Tercera Vía que encarna Tony Blair en Gran Bretaña.

Pese al rescate positivo de algunas cuestiones fundantes del socialismo democrático, ese vuelco significa el reconocimiento de amplios sectores de la socialdemocracia y del laborismo a la hegemonía del capital financiero y la admisión del liderazgo unipolar de los Estados Unidos, lo que lleva, por ejemplo, a que Blair se sumara a la política de Bush y enviara tropas a Irak.

Incinerados los proverbiales papeles de la socialdemocracia, pareció que la izquierda democrática ya no tenía destino. Sin embargo, aparece en el horizonte latinoamericano, y particularmente en el sur del continente, un fenómeno original consistente en la emergencia de procesos de protagonismo popular ajenos a los paradigmas socialistas de los siglos XIX y XX, pero asimilados a ellos en cuanto a sus objetivos de igualdad y justicia social.

Así, en una travesía conflictiva, colmada de "impurezas" doctrinarias y de avatares que no encuadran en los esquemas tradicionales, se verifica en esos países un proceso de cambios socioeconómicos y culturales cuya diversidad lleva a algunos analistas interesados al dictamen prejuicioso de escindir en dos el mismo curso: una izquierda "buena" que se expresaría en Chile, Uruguay y acaso Brasil, y otra, "mala", que simbolizarían Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Así, ignoran que los distintos proyectos son vertientes de un mismo fenómeno que, sometidos a peculiaridades locales e itinerarios desiguales, generan cambios progresistas signados algunos por la fuerte movilización de los pueblos originarios y, otros, por la impronta de sectores sociales distintos.

Una visión más abarcativa ve en todos estos recorridos nacionales el empeño común de cuestionar la injusta distribución del ingreso que deviene de la extrema concentración de la riqueza; el reconocimiento de que la monopolización de la información es un instrumento coactivo del privilegio y, en fin, la convicción de que no hay soberanía nacional sin mancomunión económica y política regional frente a un orden capitalista globalizado que aunque tambaleen sus cimientos, muta una y otra vez repitiendo el mismo esquema de dominación.

En Argentina, la izquierda democrática, sea o no socialista y llámese como se llame: progresismo, centroizquierda o lo que sea, no puede mantenerse indiferente frente a la implacable evidencia de las transformaciones que se suceden desde hace seis años.

Marginarse por autorreferencia intelectual o desaprensión no hallaría justificación política alguna.

En cambio, colaborar con la profundización de los cambios sin perder autonomía, preservando cada identidad y sin aceptar imposiciones, expresaría la decisión de compartir la misión de aportar al cumplimiento de objetivos históricos que en definitiva son propios.

*Ex diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado por la agencia Telam el sábado 14 de noviembre de 2009

viernes, 13 de noviembre de 2009

En Página 12

Contra los “agoreros”

El secretario de Relaciones Parlamentarias y dirigente socialista, Oscar González, apuntó contra los “agoreros que quieren meter miedo”, en referencia a “ese coro de animadores televisivos que llaman a meter bala azotando al público con discursos tremendistas”. González condenó los “mensajes irresponsables” y aseguró que “desde la comodidad de mansiones exclusivas, autos blindados y custodios privados, es fácil acongojar a la población con caos imaginario”. Además, reinvindicó “las múltiples iniciativas oficiales de políticas destinadas a generar mayor inclusión”.

Publicado por Página 12, sección el país, pág 4, el 13 de noviembre de 2009

jueves, 12 de noviembre de 2009

Discursos tremendistas con objetivos inocultables

"Hay agoreros que quieren meter miedo"

El dirigente socialista Oscar González, secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional reivindicó hoy "las múltiples iniciativas oficiales de políticas públicas destinadas a generar mayor inclusión, como la que asigna un ingreso básico a niños, niñas y adolescentes, que son precondición para desalentar el delito".
Condenó por otra parte "los mensajes irresponsables de ese coro de animadores televisivos que llaman a meter bala y meter miedo azotando al público con discursos tremendistas y consignas apocalípticas".

"Los irresponsables que llaman a reprimir las protestas callejeras, los insensatos que dicen que quien mata tiene que morir, actúan como agoreros que buscan la zozobra social y persiguen un objetivo político: devaluar la democracia y erosionar la confianza en las instituciones", añadió González.

Agregó finalmente que "desde la comodidad de mansiones exclusivas, autos blindados y custodios privados, es fácil acongojar a la población con caos imaginarios", y confió en "las medidas de inclusión social vía la ampliación de derechos, la preservación del empleo y los esfuerzos por acrecentar la calificación profesional de las fuerzas policiales, como la forma concreta de mejorar la seguridad pública".

Publicado por la agencia Télam el 12 de noviembre de 2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La SIP no engaña a nadie

Nuevo ataque de los enmascarados de siempre

Por Oscar González*

En pleno disfrute de las libertades democráticas vigentes en nuestro país, un nutrido grupo de empresarios de medios de comunicación –estadounidenses y de otros países del continente– agrupados en la autodenominada Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), se reunió en estos días en un fastuoso hotel de Puerto Madero para gozar del ocio y hostigar al Gobierno nacional.

Provistos de la artillería retórica con que vienen disparando desde los años ’50 contra todos los procesos de protagonismo popular en América latina –denigraron al peronismo, conspiraron contra Jacobo Arbenz en Guatemala y complotaron contra Salvador Allende en Chile– ahora agravian a la democracia argentina con afirmaciones falaces sobre la realidad.

Son meras declaraciones antojadizas sobre supuestas amenazas a la libertad de expresión, pero tienen un objetivo avieso: el de convertirse en materia prima para titular los diarios de sus socios locales y, por esa vía, contribuir a crear un clima de desazón en la opinión pública. Es lo que mejor saben hacer y no quieren perder: construir la agenda noticiosa en su provecho.

Agrupados en la defensa de intereses económicos propios y no tan ajenos, el de los segmentos privilegiados a los cuales rinden pleitesía desde sus páginas, estos señores previsiblemente incapaces de redactar por sí mismos un módico párrafo y mucho menos elaborar una crónica o un reportaje, arriban a estas latitudes enmascarados de periodistas, como si cultivaran ese noble oficio.

Naturalmente, la relación entre estos cruzados de la libre expresión y los trabajadores del sector se limita a la obligada entre patrones y empleados. Habría que determinar, acaso, si esas capacidades laborales son objeto de una contraprestación salarial adecuada, si rige el derecho de organizarse sindicalmente y si esos profesionales disponen de la libertad de publicar según sus propias convicciones, algo que sería poco menos que milagroso ya que en esos ámbitos la línea editorial no suele ponerse en discusión, Rápidos para denigrar a los gobiernos progresistas de la región –que resisten como pueden el asedio de los grupos monopólicos y el terrorismo mediático–, estos mercaderes de la información piensan que la mejor ley de prensa es la que no existe y por eso condenan la reciente norma que el Congreso Nacional sancionó con el objetivo de horizontalizar la comunicación y equilibrar el flujo informativo.

Así, escudados en una supuesta defensa de la libertad de prensa que encubre su libertad de empresa, esta organización patronal es consecuente con su propio itinerario: basta releer la Breve historia de la SIP, del intachable periodista que fue Gregorio Selser, para conocer la prosapia de estos personajes que, medio siglo después, siguen aún sumergidos en el sórdido clima de aquella lejana Guerra Fría, con tal de arremeter contra la democratización del continente. Un infausto objetivo que requiere como precondición evitar las nuevas voces y coartar la pluralidad de mensajes, perpetuando el silencio de los que aún no se hicieron escuchar.

* Periodista. Ex diputado nacional por el Partido Socialista

Publicado por diario BAE, sección política, pág. 20, el 11 de noviembre de 2009


martes, 10 de noviembre de 2009

Asamblea de la SIP

En un ‘contraacto’, el Comfer acusó a la SIP de ser “un coro desaforado de dinosaurios”

El coordinador del Comfer, Luis Lázzaro, sostuvo ayer que los integrantes de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) son “un coro desaforado de dinosaurios que buscan deslegitimar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”; al participar de un panel de debate en el marco del Primer Encuentro Internacional de Medios y Democracia en América Latina, que cuenta con el apoyo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. “Frente a este coro desaforado de dinosaurios que buscan deslegitimar la ley de la democracia no hay mejor respuesta que poner en marcha los mecanismos democráticos de la ley”, aseveró el funcionario, en alusión a que hoy se realizará la primera reunión del Consejo Federal de Comunicación Audiovisual, creado por la ley sancionada hace un mes.


Ese encuentro funcionó como ‘contraacto’ frente a la 65ta Asamblea Anual de la SIP que se desarrolla en el Hotel Hilton de Puerto Madero. Hasta allí llegó ayer por la tarde un grupo de unos 40 militantes de la kirchnerista Juventud Peronista Descamisados, que frente al edificio cantó consignas en contra de los medios de comunicación y en apoyo al Gobierno y al titular de la CGT, el camionero Hugo Moyano.

A las críticas se sumó el secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, el socialista Oscar González, quien reivindicó la “plena vigencia de la libertad de expresión en nuestro país” y criticó la “artificiosa elucubración del vicepresidente Julio Cobos, que vincula forzadamente un episodio de puja sindical por encuadramiento laboral con un acto de gobierno”. El dirigente del PS bonaerense desconoció asimismo “cualquier afirmación de ese vulgar tinglado de intereses económicos que es la SIP”.

Periodista de profesión, González dejó en claro que “no hay ninguna responsabilidad del Gobierno en la protesta de los camioneros sino que, por el contrario, fue el Ministerio de Trabajo el que decretó la conciliación obligatoria en ese conflicto” y reclamó no “mezclar intencionalmente distintas cuestiones para hostigar al Gobierno y congraciarse con los integrantes del cartel empresarial mediático que además es impiadoso y no suele guardar gratitud eterna con quienes se arrodillan ante su ocasional influencia”.

“Ese reducto reaccionario llamado SIP es un grupo de triste memoria en el continente ya que patrocinó golpes de Estado”, definió González.

Publicado en El Cronista Comercial, sección economía y política, pág. 8, el 10 de noviembre de 2009


Sobre la SIP y Cobos en Radio Del Plata



Programa de Liliana López Foresi. Martes 10 de noviembre de 2009

lunes, 9 de noviembre de 2009

Sobre La Sociedad Interamericana de Prensa

Anti-SIP

La SIP no representa a periodistas
sino a mercaderes de la noticia”,
dijo el socialista Oscar González.

Publicado por el Diario Crítica de Argentina el 9 de noviembre de 2009

Declaraciones sobre la SIP

La Sociedad Interamericana de Prensa no representa a periodistas dice dirigente socialista argentino

El dirigente socialista Oscar González, secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno argentino, criticó hoy a “los personeros del pool empresarial denominado Sociedad Interamericana de Prensa, (SIP), que se reúnen en Buenos Aires al calor de la plenas libertades que imperan en nuestro país para denigrar con declaraciones insidiosas a los gobiernos democráticos de América Latina que resisten como pueden el asedio de los grupos monopólicos y su terrorismo mediático”.

En declaraciones a MERCOSUR Noticias, González afirmó que los directivos de la SIP "no son periodistas, son mercaderes de la noticia que quieren impedir la multiplicidad de voces y la pluralidad informativa y por eso critican la ley de medios de comunicación recientemente sancionada con amplia mayorìa”.

El ex diputado nacional añadió que "escudada en una supuesta defensa de la libertad de prensa que encubre su libertad de empresa, esta organización patronal que desde hace décadas representa a quienes conciben a la información como una simple mercancía y reniegan de toda legislación protectora del público porque piensan que “la mejor ley de prensa es la que no existe”, se agrupan una vez más para continuar con su histórica labor desestabilizadora de los gobiernos populares, como lo hicieron contra el peronismo en los 50, contra el presidente guatemalteco Jacobo Arbenz en 1954 y contra Salvador Allende, en 1973”.

Para Gonzàlez, “basta releer la Breve Historia de la SIP, del legendario periodista socialista Gregorio Selser , que fue mi maestro en periodismo y me enseñó a conocer a estos personajes que siguen sumergidos en el clima de la guerra fría y quieren evitar la democratización y horizontalización del flujo informativo reteniendo el control de los medios en beneficio del privilegio”.

Publicada por el portal Mercosur Noticias el 9 de noviembre de 2009

sábado, 7 de noviembre de 2009

La vieja derecha de siempre

Macri y la privatización de la política

Por Oscar González (*)

Cuando, en octubre de 2007, Mauricio Macri ganó las elecciones para jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires pocos recordaban que el empresario había sido uno de los pocos dirigentes argentinos que, nueve años antes, había repudiado la detención en Londres del dictador chileno Augusto Pinochet a pedido del juez español Baltasar Garzón.

En esa época, Macri era más conocido por sus apariciones en las revistas del corazón que por su compromiso político. En aquella ocasión, Macri consideró inadmisible la aplicación de la justicia universal a los violadores de derechos humanos.

Pero los años pasaron, y el poderoso empresario aprendió a disimular sus reflejos antidemocráticos mientras lograba inocular, en cierta opinión pública, la idea de que la astucia para ganar dinero era una virtud aplicable a la gestión de gobierno.

Eran tiempos en los que la política, como capacidad específica para administrar la cosa pública, y las ideologías, en tanto principios rectores de aquélla, se habían desacreditado suscitando el estallido de las representaciones políticas tradicionales.

Para muchos dirigentes residuales de las alas conservadoras de esos partidos maltrechos, el macrismo triunfante fue un imán y la posibilidad de relanzar una administración neoliberal, posmenemista, que en el nuevo escenario le diera continuidad a las políticas aplicadas en la década del 90.

Así fue como el nuevo jefe de Gobierno encaró su gestión con una concepción empresaria, armó su gabinete con los ejecutivos que lo habían acompañado en el holding familiar y lanzó un plan de gobierno en el que la contratación de obra pública -rubro fundacional del grupo- fue leimotiv de su gestión, aunque sus resultados son menos que exiguos.

La otra cara de la gestión macrista, vinculada menos directamente con los negocios con el Estado, permaneció durante algún tiempo en las sombras porque sus víctimas, los sectores más vulnerables de la sociedad, tienen restringida la voz y atenuada su visibilidad.

Así fue como se desarrolló un proceso expulsivo que salió a la luz a causa de la brutalidad de la recién disuelta Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), condensación del modelo de seguridad macrista destinada a erradicar violentamente a los "usurpadores" del espacio público.

Muchos se preguntan porqué Macri cometió tantos errores políticos que luego se vio forzado a revertir, como crear la UCEP, nombrar al comisario Jorge Fino Palacios (vinculado al atentado terrorista a la AMIA) al frente de la Policía Metropolitana, y luego al comisario Chamorro en el mismo cargo.

Para culminar con la contratación de Ciro James, que se dedicaba a espiar empresarios, al dirigente de Familiares de Víctimas de la AMIA, Sergio Burstein, y hasta al propio cuñado de Macri, en una muestra de promiscuidad digna del programa de televisión más amarillista.

La respuesta a esta pregunta está en la perspectiva clasista del jefe de Gobierno, que considera que lo que es bueno para él y su círculo económico y social privilegiado es bueno para la ciudad. No admite otra sensibilidad que no sea esa.

El propio concepto de "ciudad limpia" trasluce esa concepción de apropiación privada del espacio público, la misma que históricamente condujo a que el 60 por ciento de la superficie de propiedad comunal terminara en manos de grupos privados.

En ese esquema, que privatiza la política misma, la represión, en cualquiera de sus formatos, es el complemento indispensable para ejercer ese exclusivo derecho "de pertenencia", es decir de clase, idéntico al que invocan los dirigentes de la Sociedad Rural.

Es que no hay nada novedoso en la versión porteña del viejo modelo de exclusión y privilegio. Y el propio espía James es un emergente de esta noción de que el Estado es, por sobre todo, una franquicia para enriquecerse y un instrumento para usar en beneficio propio.


(*) Dirigente socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Nota editada por la agencia nacional de noticias de Argentina, Télam
Publicada el Sábado 7 de Noviembre de 2009.