domingo, 18 de octubre de 2009

Los "grandes" medios y el parlamento

Feos y sucios y malos

Por Oscar R. González

Enardecida por la inaudita pretensión de los legisladores que se toman la libertad de votar en el Congreso las leyes que les parecen más adecuadas, la corporación mediática, que al momento de rechazarse en el Senado las retenciones sojeras exaltaba las impolutas virtudes del Poder Legislativo, ahora demuele salvajemente la honra de los diputados y senadores que no alzan su mano atada al interés del monopolio periodístico.

Leer para creer, el editorial del diario La Nación de este viernes no tiene desperdicio. Su autor se exaspera porque "tal como lo había ordenado el Poder Ejecutivo, el Senado de la Nación aprobó la ley de servicios audiovisuales con un nivel de obediencia que sólo se observa en el fundamentalismo de ciertas teocracias".

A continuación formula, con prosa descuidada, una insólita denuncia: "La mayoría de los senadores no se atrevió a tocar una sola coma. Tampoco esos legisladores, por lo que se infiere, se habrían atrevido a hacer algo así dentro del actual régimen iraní, en el caso de que la iniciativa hubiera provenido del gran ayatollah que preside el Consejo de la Revolución, o de haber sido conminados por un Stalin, un Mao, un Fidel Castro". El eje del mal, en suma, al que se agregaría el gobierno argentino y una aterrorizada mayoría de 44 senadores que apoyaron la ley.
El incontinente editorial afirma que la nueva norma "es inconstitucional por donde se la mire, por la letra y por el espíritu; por el procedimiento todo de su gestación como cachetazo a la decisión soberana del pueblo de haber infligido al gobierno la derrota electoral del 28 de junio. "He ahí la clave: La Nación y algún otro de los medios que fungen de voceros y operadores de la derecha económica y política, creen que con el simple ejercicio de contabilizar promiscuamente todos los votos no oficialistas se alcanza una mayoría virtual que haría concluir el ciclo de un gobierno al que le restan dos años de mandato. El razonamiento es tan absurdo como perverso: quiere hacer creer que el pueblo habría votado, con milagrosa anticipación de vidente, en contra de una ley que, como la de comunicación audiovisual, no había sido siquiera presentada".

La derecha creyó que el episodio que impidió la sanción de la Resolución 125 en el Senado aseguraba de por sí un futuro irrevocable para sus intereses. Entonces fueron loas al Parlamento porque habría dejado de ser un poder sumiso. Pero apenas muchos senadores y diputados demostraron que no se someten a disciplinamiento alguno y que tras debatir y consensuar a su gusto sancionaron la ley de medios audiovisuales, muchos de ellos sin renunciar a su papel opositor, la respuesta de los medios fue de una ferocidad y una saña que arrasa con los principios éticos que rigen la profesión periodística.

Ya se trate de una senadora radical cobista, que cometió el repugnante delito de mudar de posición; de los diputados socialistas y de los partidos de centroizquierda que votaron miserablemente apoyados en sus plataformas y programas, como otros legisladores que osaron no acatar la voz de mando del millonario de turno, todos son persistentemente mortificados por los diarios.

La situación llegó al colmo cuando un analista del diario Clarín llegó a lamentar que un profesor de literatura como Eduardo Macaluse haya apoyado la ley, como si el diputado de Solidaridad e Igualdad hubiera manchado su curriculum docente e ingresado repentinamente en el territorio de la barbarie iletrada.

Ocurre que, ante la manifiesta incapacidad de la derecha para erigirse en alternativa política, el poder mediático se subroga en su función de control político y se autoasigna una inaudita función punitiva. Ilusionado con la eternidad de sus privilegios, blande la espada de la maledicencia contra quienes osan contrariarlo y amenaza con encubrir la realidad con ríos de tinta y los tribunales con un mar de incidentes judiciales.
Afortunadamente, las claras mayorías que alcanzaron los proyectos de orientación progresista revelan que la autonomía de la política y la independencia del poder legislativo siguen siendo las claves para mejorar la calidad de la democracia argentina.

*Dirigente socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado por Agencia TELAM el sábado 18 de octubre de 2009 y en el diario El Argentino el domingo 19 de octubre de 2009

viernes, 9 de octubre de 2009

Fallo judicial por la agresión a Jorge Rivas

Infortunio e ideología

Por Oscar R. González *

Un tribunal criminal de Lomas de Zamora condenó al agresor de Jorge Rivas. El fallo determina que Rolando Ojeda es responsable de haber cometido, el 13 de noviembre de 2007, el delito de robo calificado por causar lesiones gravísimas tras quedar judicialmente demostrado, en un proceso con plenas garantías de defensa para el acusado, que fue el autor de las heridas que obligan al hoy diputado socialista a sobrellevar su vida con grandes limitaciones físicas.

La noticia y su difusión no exacerbó el ánimo de Jorge, no le determinó excitación alguna ni alteró en lo más mínimo su rutina: siguió con su intensa rehabilitación, continuó recibiendo a colaboradores y visitas, atendió su nutrida correspondencia y siguió estudiando sus iniciativas legislativas y su trabajo partidario.

Desde que recuperó la posibilidad de comunicarse, largas semanas después de la agresión, se mostró desinteresado de los detalles del episodio: nunca pidió que se le narraran las circunstancias que no pudo retener en su memoria por la extrema violencia del hecho y la inconsciencia que sobrevino. No recuerdo que se haya regodeado en conocer los pormenores del juicio a sus agresores: sin pretender ser indulgente, le bastaba saber que la Justicia estaba actuando.

De hecho, las escasas veces que mencionó el tema, siempre a pedido del periodismo, lo refirió en su contexto, habló de los condicionantes sociales, económicas y culturales que en algunos casos facilitan el delito y nunca manifestó encono ni odio contra sus victimarios. Quienes lo vemos con cierta asiduidad, jamás advertimos en él ira ni exasperación alguna: continuó siendo el optimista de siempre, eso sí, agudo e irreverente.

Su reacción frente al desafío que las circunstancias le impusieron puede ser entendida por algunos como un mero escapismo de la realidad o, incluso, como un ademán insincero. Para quienes lo conocemos, en cambio, no es sino la demostración de que, aun en las condiciones del infortunio, los valores y las ideologías son las que determinan las actitudes vitales.

* Dirigente socialista, es secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado por el Diario Página 12, el viernes 9 de octubre de 2009, página 16.

domingo, 4 de octubre de 2009

Actualidad

El papel de la centroizquierda

Por Oscar González (*)

En la actitud y el compromiso que asuma frente a cada conflicto real, la centroizquierda puede hallar no sólo un sentido para su misión sino su propia legitimación como protagonista de la vida política.

Por esas cosas del lenguaje periodístico, la palabra centroizquierda, sin lograr la condición de categoría política, sirve para delimitar un difuso territorio donde conviven siglas y representaciones políticas diversas. Lo que la prensa simplifica bajo esa denominación no expresa sólo cierto reduccionismo mediático sino también la necesidad de agrupar a sectores y dirigentes que, aunque unidos por un discurso relativamente común, suelen mudar de opinión según los avatares de la vida política.

Ocurre que es en el terreno político concreto donde las propuestas progresistas juegan su viabilidad y su destino y es ahí, en el curso de cada conflicto, donde los programas y los enunciados de principios confrontan con la realidad y encuentran legitimidad. Dicho de otro modo, la incesante tarea de construcción de una izquierda democrática no puede darse al margen de las colisiones de intereses que atraviesan la sociedad de lado a lado y que obligan a determinar a cada instante dónde está el camino correcto.

Esa dimensión reveladora de cuál es el lugar a ocupar durante la disputa política llevó al traspié a cierta centroizquierda durante la batalla por las retenciones a las exportaciones de granos, cuando vaciló frente a una nítida divisoria en términos de redistribución de la riqueza, sin advertir que la resistencia al cambio encubría una recomposición de la coalición de poder de los 90. Esa incomprensión llevó a una asombrosa convergencia entre una parcialidad corporativa y algunos actores históricamente autodefinidos como progresistas, tanto en su variante socialdemócrata como nacional popular.

Temerosos a identificarse con el oficialismo, en algunos casos, o en la pueril creencia que desde un grupo político sin base popular se puede acumular al margen de cómo se resuelven los conflictos que afectan a millones de argentinos, no pocos dirigentes de sincera vocación progresista contribuyeron entonces a que la derecha avanzara hasta posiciones inesperadas. Se difirió así una oportunidad para mostrar una izquierda plural, crítica e independiente dispuesta a fortalecer y estimular las decisiones políticas de transformación social.

Felizmente ese proceso comienza a dar señales de una reversión positiva, en un tránsito que se percibió ya al momento de recuperarse para el sistema solidario los fondos previsionales y también al rescatarse la aerolínea de bandera. Este cambio denota una nueva reflexión y es producto a la vez de que el gobierno mantuvo -y profundizó- la iniciativa política hasta el punto de asumir desafíos cada vez más trascendentes como el de impulsar el proyecto de ley de comunicación audiovisual que está a punto de aprobarse en el Senado.

Este último debate -y los que seguramente vendrán- no sólo reconfiguran el panorama parlamentario destacando el rol de quienes se identifican con una sensibilidad de centroizquierda, sino que les otorga a esos sectores la posibilidad de influir decisivamente cuando lo que se define no es la suerte de un gobierno sino la posibilidad de vivir en un país donde el Estado sirva a la sociedad y no sea rehén del privilegio.

(*) Ex secretario general y diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del Gobierno nacional.

Publicado en la agencia TELAM el sábado 3 de octubre de 2009 y en el diario La Capital de Mar del Plata, el domingo 4 de octubre de 2009, sección El País.