viernes, 25 de septiembre de 2009

Argentina en el mundo

El mito del aislamiento argentino

Por Oscar R. González*

Cuanto mayor es la interrelación de Argentina con el mundo y más decisiva la influencia de nuestro país en todos los foros internacionales, un cacofónico coro de voces opositoras -mediáticas y políticas- reinventa el mito del aislamiento argentino.

¿Será que el creciente protagonismo nacional y la incesante presencia de la Presidenta en los múltiples foros donde se debate el futuro del mundo les hace añorar aquella antigua subordinación al orden mundial neoliberal y sus consiguientes relaciones carnales?

Mientras Cristina Fernández de Kirchner recorre sin cesar la geografía política contemporánea propiciando iniciativas, propuestas y reflexiones congruentes con la vocación argentina de un nuevo modelo para las relaciones internacionales, una mayor responsabilidad de todas las partes que integran el complejo universo de la política y la economía globales y su voz es crecientemente atendida por los liderazgos de los países más importantes, hay un cotorreo que insiste en enunciar una supuesta soledad de Argentina en el mundo.

Ausente la verdad de sus preocupaciones, la influyente presencia nacional en todas las cumbres relevantes, que demostrarían por sí sola la falacia de aquella argumentación, no es considerada y nada importa que en el último sexenio el país haya avanzado en una política internacional que lo ha llevado a los primeros planos de la diplomacia latinoamericana, consolidando sus vínculos con el subcontinente, como lo demuestra la fructífera sociedad con el Brasil de Lula que permitió, entre otras cosas, preservar la institucionalidad en Bolivia y la salida electoral que le dio el triunfo a Evo Morales, garantizar la paz en el conflicto entre Ecuador y Colombia y desterrar a partir de una coordinada y decisiva actuación en la Cumbre de Mar del Plata una asimétrica propuesta de supuesto libre mercado, el ALCA, que trataba de imponer el entonces presidente George Bush.

Tampoco se menciona en los libelos opositores que iniciativas como las del Grupo Río y Unasur permitieron una presencia del bloque regional inimaginable en las épocas en que habitábamos penosamente el patio trasero del imperio, lo que hoy, ante la usurpación del poder político en Honduras, permite que Argentina, Brasil y otras naciones del área estén realizando enormes esfuerzos para hallar una salida que respete la vigencia de los mandatos constitucionales en toda la región.

Se vio claro, a propósito de la presencia de Cristina en Naciones Unidas, sus múltiples reuniones adyacentes y en la propia cumbre del G20, la desazón de los grandes diarios, desencantados porque esperaban un papel de menor relieve del gobierno argentino.

Tanto que los llevó a ocultar la evidencia y, así, mientras las imágenes daban cuenta irrefutable de una incesante interlocución entre la presidenta y los máximos referentes de la política mundial, los textos repetían la falacia de una Argentina anacoreta, que no dialoga con nadie.

La contradicción entre la realidad y la retórica es tan descarada que sólo puede pensarse que estos epígonos de la hipotética soledad nacional no hacen sino ocultar su nostalgia por aquellas lujuriosas relaciones noventistas, por aquellas implacables imposiciones del FMI, por esos crucificadores dictámenes de las calificadoras de riesgo y, en fin, por una política internacional que no era sino un mero reflejo de lo que se decidía en Wall Street, Davos y las islas Caimán.

Molestos porque tras el desendeudamiento y la consiguiente autonomía de la economía nacional la Argentina de hoy y los países emergentes más destacados apuestan a cambiar las reglas que la crisis demostró inservibles ; desconcertados porque no entienden la reivindicación de soberanía en toda vinculación con los organismos financieros internacionales; y fundamentalmente ofuscados por el contenido de las intervenciones de la Presidenta en este y los anteriores foros mundiales reclamando un cambio en las inicuas reglas de las finanzas mundiales y multiplicando solidaridades con ese objetivo, los charlatanes del supuesto aislamiento argentino no hacen sino hablar con las palabras de una lengua muerta.

*Ex secretario general y diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

Publicado en el diario Pagina 12 el viernes 25 de septiembre de 2009

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